Archivo de la categoría: Los amantes

Mañana es hoy

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Desenfundo mis palabras tan despacio como puedo, viéndote
leo propaganda del sol sobre tu cuerpo al atardecer
aparcados muy cerca de un río que sonríe igual que tú.


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Lo que nunca muere…

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Hoy hace justo 25 años que murió Julio Cortázar. Y hoy parece seguir más vivo que nunca en la voz de todos los que le recitan para recordarlo, en sitios públicos o en solitarias habitaciones mágicas. Son muchos los oídos repartidos por el mundo que hoy se toman un minuto en mitad del vértigo cotidiano para escuchar su voz afrancesada, llena de palabras locas y tiernas, repletas de vida. Yo también hice mi ritual de recuerdo correspondiente y disfruté por unos minutos escuchando este poema recitado por él mismo: Los Amantes.  Un placer perfecto para acabar el día y muy idonéo para mi habitación de amantes polares. Por todas las cosas y personas que, aún muriendo, nunca mueren.

LOS AMANTES

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos ?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.

El mejor beso literario de la historia

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besoo

El beso de Cortázar en Rayuela. ¿Quién podría superarlo? Unas palabras mágicas para mis huespedes…

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Aquello que me escribiste un día…

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Si te espero siempre
¿Por qué eres sorpresa?
Si estoy como el árbol,
esperando al pájaro,
-mensajero alto-
con todas las ramas
del ardor tendidas.
¿Por qué, como el árbol,
tiemblo cuando llegas?
¿Y por qué me pasma
la insólita vuelta
de lo repetido,
del invierno claro
detrás del otoño,
del estío inédito
tras la primavera?
La vuelta… ¿fatal?
¿Sin querer nosotros?
No, no. La queremos:
tras de su antifaz
de don a la fuerza,
se le ve su rostro,
libertad suprema.
Si te esto pidiendo,
igual que se piden
la luz y el reflejo
¿por qué, si me miras
me asombro
de ver que mi alma
devuelve a tus ojos
tu misma belleza?
Te reconozco, sí,
como se conocen
el fuego y los números.
Pero al verte siempre
parece que dejas de ser
por primera vez
la desconocida.
Mi ser está lleno
de infinitas sendas
que han hecho tus pasos
de andar en mí tanto.
Tengo
la vida sembrada
de huellas, las huellas
sólo de tus plantas.
Entonces, ¿por qué
cuando tú me andas
a besos, a sueños,
por esos senderos,
por qué me parece
que el alma se estrena?
Todo me lo das;
y todo te queda.
Siento los tesoros
que tú has puesto en mí
igual que se siente
la edad de la vida
dentro de las venas:
siento mi riqueza.
Entonces
¿por qué al darme algo
no parece más,
y tiemblo de gozo
como tiembla el alma
al ver que la suerte
se inclina, se inclina,
y le da la dulce
dádeva primera?

Pedro Salinas

Deudas pendientes

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“DISFRUTA TODO. NO NECESITES NADA”

Te debo una sonrisa, a veces, sólo a veces eclipsada por la torpeza de mis miedos.
Te debo un amanecer o un atardecer en cualquier lugar del mundo. No importa si cerca o lejos pero te debo uno creado sólo para nosotros.
Te debo un beso. He perdido la cuenta de cuantos te he entregado ya pero te debo un beso: definitivo, descarado, improvisado. Te debo un beso sorpresa y divertido como el que me diste en el suelo del hotel.
Te debo una canción más, una que haga honor a la canción más hermosa del mundo que me dedicaste por tu cumpleaños, una que iguale a la más emotiva del mundo (ya sabes) pero con final feliz.
Te debo una libreta que espera en un bolsillo encontrar las palabras exactas que te sigan haciendo sentir especial al leerlas. Te debo un momento de inspiración.
Te debo un “momento be – be” en vivo y en directo 😉 Te debo una cena de cumpleaños… Te debo un cuento de hadas y duendes.
Te debo algo nuevo como lo que tú me has mostrado sin saberlo. Te debo mil nuevas facetas que desconoces y que ni yo misma conozco pero descubriré.
Te debo un paseo “descalza” bajo las estrellas (más bien bajo el sol) como el de aquella noche de verano antes de estar juntos.
Te debo una promesa: volver a mi habitación azul que no es sólo un lugar virtual. Te debo un encuentro con Lucía. ¿Te apetece?

¿Cuándo empezamos a saldar la deuda?