La Princesa de la Boca de Fresa

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“…Y es ella dulce y rosa y muerde y besa;
y es una boca rosa, fresa;
y Amor no ha visto boca como esa…”

Hace un par de semanas recordé uno de los libros de mi infancia que más tiempo permaneció a mi lado y que más releí una y otra vez. Poesías de Ayer y de Hoy (para chicos y grandes) de Ana Serna. Era una recopilación de poemas de grandes poetas de todos los tiempos. Recuerdo horas y horas releyendo esos versos, copiándolos en cuadernos acompañados de dibujos. Al final, termine por memorizar muchos de ellos.

La memoria es frágil y, durante mucho tiempo, he olvidado esta parte de mi biblioteca de niñez particular de la que también forman parte encantadores títulos de colecciones tan míticas como las del Barco de Vapor o el Duende Verde. Me viene a la cabeza Mariquilla la Pelá, El Secreto de Gabriela, Rabicún, Querer la luna, la Rosa de San Jorge entre muchos otros.

No sólo olvide ese viejo libro de poemas sino que también lo perdí durante años. Casualmente pensé en él hace poco y, de repente, parte de sus poemas vinieron a mi cabeza. Lo que más me ha sorprendido es que, sin darme cuenta, he colocado a esos poetas de aquel viejo libro en mi habitación azul lo que demuestra la influencia de aquello que nos llega de pequeños y que incorporamos, casi sin darnos cuenta, a nuestra vida de adulto.

Hace una semana lo encontré¡¡¡

Un verdadero “accidente afortunado” y casual.

Estas Navidades me he encontrado de nuevo con muchos de esos versos y ahora entiendo que hace Machado en mi habitación soñando caminos y polvorientas encinas por el camino o dejando manchas de tinta de otoño en mi colcha.  También se porque un día otoñal lleno de frío me dio por crear un post con aquel “Paisaje” de Lorca. Si alguna vez Rubén Darío entró aquí como huésped fue, sin duda, a mi amistad con aquella princesa triste de la boca de fresa. (este era uno de mis preferidos). Conocí por primera vez aquella Rima de Viernes azul tan becqueriana en este libro y también la saque un día de mi subconsciente para colocarla aquí. Lo que más me ha gustado de todo en encontrar dentro de este libro las nanas de la cebolla de Miguel Hernández. 🙂

Me parece mágico este encuentro pasado presente y me encanta sentirme igual de bien que en mi niñez buceando en este libro rescatado. Como decía el gran jefe el Gran Jefe indio Seattle

“Mis palabras son como las estrellas, nunca se extinguen”

Así sucede con los versos de estos poetas, que renacen de nuevo en cada generación que pone un libro como este en manos de una niña.

 

 

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