Archivos Mensuales: febrero 2009

Nueve palabras para la eternidad

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“Estos días azules y este sol de la infancia…”.

Lo escribió Antonio Machado antes de morir. Fue encontrado en el bolsillo del gastado gabán con con que había cruzado los Pirineos  en su huida  hacia el exilio. De nuevo la poesía, el arte, la cultura salvando al hombres hasta el final. Cuando ya nos nosqueda nada, dice Rosa Montero, siempre nos salva la escritura. Eso debió pensar el poeta que pese a haber quedado ese poema de sólo nueve palabras inconcluso, me parece más grandioso que muchos de los acabados.

Esos días azules y ese sol de la infancia…  Un poema cuyo final podemos imaginar todos, a nuestra manera. Una forma tan magistral como poco premeditada de poner un punto y final encantador a toda una obra llena de sensaciones y ensoñaciones maravillosas. Un inesperado microrelato para la eternidad.

Y además esas ocho palabras contienen la palabra azul. Quizás por eso me gustan tanto. 🙂

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Viceversa

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“Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
O sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.”

Mario Benedetti

Tengo Prisa

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A pesar de mi torpor, de mis ojos hinchados, de mi panza, de mi aire de recién salido de la cueva, no me detengo nunca. Tengo prisa. Siempre he tenido prisa. Día e noche zumba en mi cráneo la abeja. Salto de la mañana a la noche, del sueño al despertar, del tumulto a la soledad, del alba al crepúsculo. Inútil que cada una de las cuatro estaciones me presente su mesa opulenta. Inútil el rasgueo de madrugada de canario, el lecho hermoso como un río en verano, esa adolescente y su lágrima, cortada al declinar el otoño. En balde el mediodía y su tallo de cristal, las hojas verdes que lo filtran, las piedras que niega, las sombras que esculpe.Todas estas plenitudes me apuram de un trago. Voy y vuelvo, me revuelco, me revuelvo y me revuelvo, salgo y entro, me asomo, oigo musica, me rasco,medito, me digo, maldigo, cambio de traje, digo adiós al que fui, me demoro con el que seré. Nada me detiene. Tengo prisa, me voy. Adónde? No sé, nada sé – excepto que no estoy en mi sitio.

Desde que abrí los ojos me di cuenta que mi sitio no estaba aquí, donde yo estoy, sino en donde no estoy ni he estado nunca. En alguna parte hay un lugar vácio y ese vácio se llenara de mí y yo me asentaré en ese hueco que insensiblemente rebosará de mí, pleno de mi hasta volverse fuente o surtidor.Ymi vácio, el vácio de mí que soy ahora, se llenara de sí, pleno de sí, pleno de ser hasta los bordes.

Tengo prisa por estar. Corro tras de mi tras de mi, tras de mi sitio, tras de mi hueco. Quien me ha reservado ese sitio? Como se llama mi fatalidad? Quién es y que es lo que me mueve y qué es lo que aguarda mi advenimiento para cumplirse y para cumplirme? No, sé. Tengo prisa. Aunque no me mueva de mi silla, ni me levante de la cama. Aunque dé vueltas e vueltas en mi jaula. Clavado por un hombre, un gesto, un tic, me muevo y remuevo. Esta casa, estos amigos, estos paises, estas manos, esta boca, estas letras que formam esta imagem que se ha desprendido sin previo aviso de no se dónde y me ha dado en el pecho, no son mi sitio. Ni esto ni aquello es mi sitio.

Todo lo que me sostiene y sostengo sosteniendome es alambrada, muro. Y todo lo que salta mi prisa. Este cuerpo me oferece su cuerpo, este mar me saca se saca del vientre siete olas , siete desnudeces, siete sonrisas, siete cabrillas blancas. Doy las gracias y me largo. Sí, el passeo ha sido muy divertido, la conversacion instructiva, aún es temprano, la función no acaba y de ninguma manera tengo la pretensión de conocer el desenlance. Lo siento: tengo prisa. Tengo ganas de estar libre de mi prisa, tengo prisa por acostarme y levantarme sin decirme: adios, tengo prisa.

Octavio Paz, de Aguila y Sol – 1949

Lo que nunca muere…

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Hoy hace justo 25 años que murió Julio Cortázar. Y hoy parece seguir más vivo que nunca en la voz de todos los que le recitan para recordarlo, en sitios públicos o en solitarias habitaciones mágicas. Son muchos los oídos repartidos por el mundo que hoy se toman un minuto en mitad del vértigo cotidiano para escuchar su voz afrancesada, llena de palabras locas y tiernas, repletas de vida. Yo también hice mi ritual de recuerdo correspondiente y disfruté por unos minutos escuchando este poema recitado por él mismo: Los Amantes.  Un placer perfecto para acabar el día y muy idonéo para mi habitación de amantes polares. Por todas las cosas y personas que, aún muriendo, nunca mueren.

LOS AMANTES

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos ?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.