Archivos Mensuales: noviembre 2008

La “herida” más bella de la historia de la literatura

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herida

Hay escritores que, aunque solo sea por algunas de sus palabras, ya merecen pasar a la historia… El párrafo inicial de Antonio Gala en su libro “El dueño de la herida” y su descripción del desamor  ¿Quién podría superarlo? Más palabras mágicas para “mis habitantes azules” 🙂 …

¿Quién es el dueño de una carta: el remitente o el destinatario? Acaso el correo, en su trayecto al menos. ¿Quién es el dueño de la herida el que la causa o el que la padece? ¿No son las dos caras de una misma moneda? O quizá el dueño es el sentimiento que le clava su dardo. Quien ama, quien es amado y el amor: ese arquero que los llaga a ambos, ese puente levadizo en que se encuentran y desencuentran… El dueño de la herida es el verdugo y es la victima, es el idolatra y es su ídolo, pero, sobre todo, aquello que los vincula o los enfrenta, sea cual sea su nombre. Porque hay amores que no saben el suyo verdadero.

El dueño de la herida. Antonio Gala.

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El mejor beso literario de la historia

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El beso de Cortázar en Rayuela. ¿Quién podría superarlo? Unas palabras mágicas para mis huespedes…

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.