El cuaderno de Joe

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¿Creéis en las historias imposibles? Ahí va una de ellas…

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La primera vez que vi al hombre que cambio mi vida fue en el asiento contiguo del desgastado vagón del tren en que viajaba, rumbo hacía ninguna parte o quizás hacía todas. Sus ojos hipnotizaban. Parecía un auténtico hippy, con aquella melena, las holgadas y suaves ropas que cubrían su cuerpo y esa vieja mochila de colores que, entreabierta, dejaba al descubierto un grueso tomo de folios manuscritos. Imaginé que era escritor, uno de esos poetas alternativos que van por ahí soltando a cualquiera su rollo de seres únicos e incomprendidos.

Aquel día no estaba yo para charlas, menos aún con desconocidos, así que aunque aquel curioso personaje había conseguido despertar mi curiosidad , a pesar de mi aburrimiento, no le dedique ni un solo gesto de interés. Incluso mirando hacía fuera, casi de espaldas a él, sentía su magnetica mirada clavada en mi nuca y lo más extraño de todo es que esa sensación me reconfortaba. Giré levemente la cabeza y me dió la impresión de que esperaba, expectante, que lo mirara cara a cara para comenzar a hablar. Algo lógico teniendo en cuenta que aún quedaban bastantes kilómetros para llegar y que no había mucha gente dispuesta a ofrecerle entretenimiento. La mayoría de los viajeros dormían, unos cuantos hablaban por teléfono y el resto pasaba el tiempo escuchando música.

Quizás cualquier otro día me hubiera dignado, al menos, a ofrecer un leve gesto de simpatía pero, aquel día ¿Para qué? Si al mundo no le importaban mis problemas yo no quería saber nada de lo que pudiera ofrecerme, aunque tan sólo fuera una breve conversación en un frío vagón a media noche, aún cuando en aquellos momentos, cualquier palabra pudiera hacerme volver al mundo de los vivos.

Fue entonces cuando me percaté que había olvidado tomar los chicles antimareos y, de repente, el interior del tren comenzó a dar vueltas en mi cabeza provocándome una desagradable sensación da fatiga. En esas circunstancias no tuve más remedio que responder cuando mi compañero de asiento me pregunto si me encontraba bien. Cuando me ofreció sus pastillas miré por primera vez de frente sus magnéticos ojos azules y fue así como empezó todo….

Continuará…

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  1. Lucía, no siempre debemos hacer lo que queremos, sino dejarnos fluir para vivir a las personas y la vida… Estoy pendientisima de la continuación.

    Bichosbesos

  2. Este fin de semana he echado de menos tu luz, Lucía. Una noche de sábado, sin pasar frío, sin escuchar la radio de fondo, sin ver un camión justo enfrente, sin ver tu mirada, sin oir tu risa al hacer el payaso, sin despedidas en plena madrugada, una noche de sábado sin tí no es una noche de sábado. Lucía, te espero mirando al sol cuando y donde tu sabes…o a la luna, lo que más te apetezca;) un besito de Lorenzo, el de las zapatillas…

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