Archivos Mensuales: enero 2007

El cuaderno de Joe

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¿Creéis en las historias imposibles? Ahí va una de ellas…

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La primera vez que vi al hombre que cambio mi vida fue en el asiento contiguo del desgastado vagón del tren en que viajaba, rumbo hacía ninguna parte o quizás hacía todas. Sus ojos hipnotizaban. Parecía un auténtico hippy, con aquella melena, las holgadas y suaves ropas que cubrían su cuerpo y esa vieja mochila de colores que, entreabierta, dejaba al descubierto un grueso tomo de folios manuscritos. Imaginé que era escritor, uno de esos poetas alternativos que van por ahí soltando a cualquiera su rollo de seres únicos e incomprendidos.

Aquel día no estaba yo para charlas, menos aún con desconocidos, así que aunque aquel curioso personaje había conseguido despertar mi curiosidad , a pesar de mi aburrimiento, no le dedique ni un solo gesto de interés. Incluso mirando hacía fuera, casi de espaldas a él, sentía su magnetica mirada clavada en mi nuca y lo más extraño de todo es que esa sensación me reconfortaba. Giré levemente la cabeza y me dió la impresión de que esperaba, expectante, que lo mirara cara a cara para comenzar a hablar. Algo lógico teniendo en cuenta que aún quedaban bastantes kilómetros para llegar y que no había mucha gente dispuesta a ofrecerle entretenimiento. La mayoría de los viajeros dormían, unos cuantos hablaban por teléfono y el resto pasaba el tiempo escuchando música.

Quizás cualquier otro día me hubiera dignado, al menos, a ofrecer un leve gesto de simpatía pero, aquel día ¿Para qué? Si al mundo no le importaban mis problemas yo no quería saber nada de lo que pudiera ofrecerme, aunque tan sólo fuera una breve conversación en un frío vagón a media noche, aún cuando en aquellos momentos, cualquier palabra pudiera hacerme volver al mundo de los vivos.

Fue entonces cuando me percaté que había olvidado tomar los chicles antimareos y, de repente, el interior del tren comenzó a dar vueltas en mi cabeza provocándome una desagradable sensación da fatiga. En esas circunstancias no tuve más remedio que responder cuando mi compañero de asiento me pregunto si me encontraba bien. Cuando me ofreció sus pastillas miré por primera vez de frente sus magnéticos ojos azules y fue así como empezó todo….

Continuará…

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Metamorfosis

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Es curioso ese preciso momento en que te das cuenta que no eres el único en el mundo que una vez sufrió por amor. Pensabas que nadie más que tu podía sentir esa indescriptible mezcla de dolor, melancolía, miedo, tristeza, … Qué difícil era por entonces expresarlo en palabras. Tú y sólo tú eras la persona más desdichada del mundo y nadie podía entenderte. Ni juntando todas las palabras horrorosas del diccionario eras capaz de explicar lo que sentías cuando, en un acto de inercia, dominado por una ingenua amnesia temporal , te disponías  a marcar su número de teléfono para quedar a tomar algo: un sorbito de complicidad por ejemplo, una ronda de risas o un chupito de pasión. Cuando te das cuenta que ese elixir de vida que era para ti su boca ha desaparecido y que ni emborrachándote de otros labios eres capaz de encontrarlo de nuevo, decides que nunca jamás volverás a ser feliz. Eso nos ha pasado a todos ¿no? ¿Quién no ha construido alguna vez un micromundo a su medida habitado por dos: tú y alguien que ya no está?.

A ti, que sufres por amor, en este preciso instante, podría decirte muchas cosas pero sé por experiencia que ninguna te serviría. Lo que si puedo asegurarte es que  una mañana de no se que mes ni que año, te despertarás y descubrirás que en tu mesita de noche reposa una vieja copa de licor prohibida que ya no te hará daño. Saldrás a la calle y  comprobarás que a tu alrededor hay miles como tú, que un día se sintieron únicos y desdichados y creyeron que jamás lo superarían. Y ahora… brindan porque pueden saborear el dulce elixir de otros labios o quien sabe si de los mismos de entonces, que llenan sus copas de vida y esperanza.

Hasta entonces vive este momento con toda la intensidad que quieras. Escucha canciones tristes, expulsa tu dolor en forma de párrafos, repasa tus recuerdos hasta gastarlos, resígnate a tenerla en tu pensamiento todas las mañanas, siéntete un incomprendido, equivócate, machácate, habla con ella, di lo que tengas que decir, calla lo que tengas que callar….. Haz lo que quieras pero hazlo YA y no te recrees demasiado tiempo en tu dolor.  El mundo entero está esperando que te recuperes, que abras tu mente y tu corazón a otras sensaciones (muy despacito, poquito a poco, sin exigirte demasiado), que descubras el poder que tienes para cambiar tu alrededor.

Y ahora pregúntate una cosa ¿Hubieras preferido no vivirlo? Seguro que la respuesta es un no rotundo. Entonces guarda muy dentro de ti todos los buenos momentos que has ido coleccionando estos años y compra un álbum nuevo en blanco para todo lo que (seguro) está por venir. No busques la felicidad a todo costa, busca simplemente seguir sintiéndote vivo. Créeme, quien no ha sufrido alguna vez por amor, no ha vivido del todo. Porque el desamor es necesario para enseñarnos a valorar el amor. Quién no muere de amor no sabe que es amar pero siempre, siempre, se vuelve a nacer. Espera, paciente, el momento en que tu metamorfosis de resultados. Aunque sólo sea porque aquello fue tan increíblemente perfecto que no puedes permitirle no volver a vivirlo de nuevo.