La historia de las olvidadas

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El callejón de las viudas además de ser un libro  y el titular de una noticia aparecida en prensa(El País, 10 de Diciembre de 2006)hace pocos días, es una historia real,vivida por mujeres de carne y hueso, como tu y como yo. Desde aquí mi humilde homenaje a estas mujeres a las que la vida obligó a ser valientes// Mi mente tiene la absurda manía de activarse al máximo a la hora de irme a dormir. Puedo estar bastante adormilada en la mañana temprano, aún después de ducharme  y tomar café pero, cuando me adentro en la cama, mi cabeza empieza a generar recuerdos, planes, sueños, propósitos,… Justo antes de que mis párpadosse cierren aparecen ante mí, las ideas más ingeniosas y brillantes: muchas, por cierto, olvidadas al amanecer.Anoche, sin embargo, una única imagen provocó dentro de mí un profundo malestar: la del oscuro y desesperanzador callejón de las viudas. Adentrémonos en esta calle, antes alegre y confortable, ubicada en Paine, un afable pueblecito de la región metropolitana de Chile. Casi puedo ver los rostros jóvenes e ilusionados de sus habitantes. Hombres y mujeres que viene y van, saludándose con una sonrisa a su encuentro, a pesar de que las cosas no son fáciles para ellos. Son gente sencilla, campesinos como muchos de nuestros abuelos; gente de bien, que no necesita grandes lujos para hacer de su vida algo especial. Las imagino con su acento chileno, regalando a los demás palabras llenas de ánimo, sumergidos en su vida cotidiana, inocentes y ajenos a la repugnante forma de ser de otros hombres que nada tienen que ver con ellos. Quién les iba a decir a los habitantes de este barrio de campesinos, que el ejercito del país que les vio nacer, ayudado por las bocas traicioneras de algunos de sus vecinos, pondrían un amargo punto y final a sus vidas. Cómo iban a saber sus mujeres que de un día para otro unos desconocidos iban a hacer desaparecer uno a uno, a todos sus esposos, padres, hermanos, o cuñados.  Tumbada en mi cama no necesité hacer muchos esfuerzos para imaginar la cara de Lucrecia, que pensaba que aquellos hombres venían a matar a las gallinas o el terror que sentiría Silvia, cuando le devolvieron la cazuela de comida que había enviado a  su hermano a la cárcel, días después de que se lo llevaran, con una inscripción que rezaba “Hagan algo que me van a matar”. La que aquí menciono no es una historia inventada. Es la historia real de catorce mujeres, a las que un día, un dictador llamado Pinochet arrancó de cuajo todo aquello a lo que más querían sin siquiera pedir perdón.”. No volvieron a verlos, ni vivos ni muertos.  Me horroriza darme cuenta de lo poco que llegamos a valorar  (me incluyo) los jóvenes vivir en un país en democracia, sin tener que soportar sufrimientos tan inmensos como el que estas mujeres han vivido durante 33 años. Hay noches en que me duermo con una sensación de paz, albergando en mi interior la impresión de que el mundo está en paz, pero anoche, anoche…  sólo podía pensar en las olvidadas protagonistas de esta horrible historia, brutal e innecesaria que ojalá nunca más tenga que volver a contarse.  

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