Archivos Mensuales: diciembre 2006

¡Buenos días, princesa¡

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Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como en una fábula, hay dolor. Y, como una fábula, está llena de maravillas y de felicidad.

(Frase extraída de La vida es bella)

Hacía frío, caminabas a mi lado y a lo lejos se escuchaba todavía la música y las risas de la gente. Era un momento mágico porque la noche más vieja del año estaba tocando a su fin pero aún no se había ido del todo. Quizás fuera por miedo a que el amanecer te dejará ver mis ojos brillantes, mis labios vulnerables, mi cuerpo, que temblaba de frío y de miedo a la vez. Por aquel entonces la vida se me presentaba tan plena, tan llena de pasión, que aquello me asustaba. Y allí, atrapados en medio del tiempo, sin más cielo que las estrellas, rompí un trocito del muro que nos separaba, asome la cabeza y te conté algunos de mis secretos. Después nos fuimos a casa: yo y mis incertidumbres. Siempre había pensado que los momentos importantes debían transcurrir como sucedía en el cine, en esas películas en las que las palabras fluyen como si fueran una melodía encadenada perfecta. Escenas de ensueño con finales apoteósicos. Pero la realidad era otra cosa. Por el camino, traté de imaginar la que cara hubieras puesto si en lugar de despedirme con un simple hasta luego hubiera pronunciado las palabras que regaló Guido a Dora, en La Vida es bella: Bueno, adiós. Ha sido muy gentil conmigo. Ahora voy a tomar un buen baño caliente.
—Ah… me olvidaba decirte que…
—Dilo.
—… Que tengo unas ganas de hacerte el amor que no te puedes ni imaginar. Pero esto no se lo diré a nadie. Sobre todo a ti. Deberían torturarme para obligarme a decirlo.
—¿A decir qué?
—Que quiero hacer el amor contigo. No una vez solo, sino cientos de veces. Pero a ti no te lo diré nunca. Solo si me volviera loco te diría que haría el amor contigo, aquí, delante de tu casa, toda la vida.

Cuándo entré en mi cuarto, me senté tranquilamente y decidí empezar el año viendo aquella película. Ese día La vita e bella conquisto mi corazón, me provocó ternura, lagrimas, sonrisas, … Fue como una terapia tejida a base de imágenes y sensaciones indescriptibles. Y en menos de dos horas. había desaparecido todos mis miedos e incertidumbres, alimentados durante años, se habían evaporado. Comprendí lo importante que son las palabras y la imaginación. Y estaban ahí delante, en estado puro, esperando que las utilizara. Desde entonces no hay nada que me haga sonreír más intensamente que la imagen de tus deliciosos labios regalándome la frase de Roberto Benigni: ¡Buenos días princesa¡ Ahora sólo sé que haría el amor contigo, aquí y en el último rincón del mundo, toda la vida. Pero a ti no te lo diré nunca…salvo que entres en esta habitación.

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La historia de las olvidadas

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El callejón de las viudas además de ser un libro  y el titular de una noticia aparecida en prensa(El País, 10 de Diciembre de 2006)hace pocos días, es una historia real,vivida por mujeres de carne y hueso, como tu y como yo. Desde aquí mi humilde homenaje a estas mujeres a las que la vida obligó a ser valientes// Mi mente tiene la absurda manía de activarse al máximo a la hora de irme a dormir. Puedo estar bastante adormilada en la mañana temprano, aún después de ducharme  y tomar café pero, cuando me adentro en la cama, mi cabeza empieza a generar recuerdos, planes, sueños, propósitos,… Justo antes de que mis párpadosse cierren aparecen ante mí, las ideas más ingeniosas y brillantes: muchas, por cierto, olvidadas al amanecer.Anoche, sin embargo, una única imagen provocó dentro de mí un profundo malestar: la del oscuro y desesperanzador callejón de las viudas. Adentrémonos en esta calle, antes alegre y confortable, ubicada en Paine, un afable pueblecito de la región metropolitana de Chile. Casi puedo ver los rostros jóvenes e ilusionados de sus habitantes. Hombres y mujeres que viene y van, saludándose con una sonrisa a su encuentro, a pesar de que las cosas no son fáciles para ellos. Son gente sencilla, campesinos como muchos de nuestros abuelos; gente de bien, que no necesita grandes lujos para hacer de su vida algo especial. Las imagino con su acento chileno, regalando a los demás palabras llenas de ánimo, sumergidos en su vida cotidiana, inocentes y ajenos a la repugnante forma de ser de otros hombres que nada tienen que ver con ellos. Quién les iba a decir a los habitantes de este barrio de campesinos, que el ejercito del país que les vio nacer, ayudado por las bocas traicioneras de algunos de sus vecinos, pondrían un amargo punto y final a sus vidas. Cómo iban a saber sus mujeres que de un día para otro unos desconocidos iban a hacer desaparecer uno a uno, a todos sus esposos, padres, hermanos, o cuñados.  Tumbada en mi cama no necesité hacer muchos esfuerzos para imaginar la cara de Lucrecia, que pensaba que aquellos hombres venían a matar a las gallinas o el terror que sentiría Silvia, cuando le devolvieron la cazuela de comida que había enviado a  su hermano a la cárcel, días después de que se lo llevaran, con una inscripción que rezaba “Hagan algo que me van a matar”. La que aquí menciono no es una historia inventada. Es la historia real de catorce mujeres, a las que un día, un dictador llamado Pinochet arrancó de cuajo todo aquello a lo que más querían sin siquiera pedir perdón.”. No volvieron a verlos, ni vivos ni muertos.  Me horroriza darme cuenta de lo poco que llegamos a valorar  (me incluyo) los jóvenes vivir en un país en democracia, sin tener que soportar sufrimientos tan inmensos como el que estas mujeres han vivido durante 33 años. Hay noches en que me duermo con una sensación de paz, albergando en mi interior la impresión de que el mundo está en paz, pero anoche, anoche…  sólo podía pensar en las olvidadas protagonistas de esta horrible historia, brutal e innecesaria que ojalá nunca más tenga que volver a contarse.  

Declaración de intenciones

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 Esta es mi declaración de intenciones 1.234.567 pero la primera de Lucía, mi nuevo yo. Me he pasado la vida proponiéndome cambiar aquellas cosas de mí misma que me perjudican. Supongo que todos somos un poco así porque es mucho más fácil dar vueltas alrededor de un tío vivo que subir a una montaña rusa. Pero siempre llega un momento en que, por muy arraigados que estén tus hábitos, llegas a aburrirte de ellos. El problema es siempre el mismo: la falta de riesgos. Sin embargo, hasta el más cobarde de los hombres desea alguna vez la aventura, esa inyección de adrenalina que nos lanza a realizar los impulsos más locos y a la vez más importantes. Para ello no es necesario viajar miles de kilómetros ni hacer cosas excesivamente extrañas. Mi mejor historia comenzó con el envío de un SMS. ¡Cuántos momentos mágicos me hubiera perdido si, aquel día, hubiera decidido finalmente que mi dedo no apretara el botón del móvil¡ Impulsos como estos son los que mueven el mundo: más o menos valientes pero realizados al fin y al cabo.

Una buena lista de deseos no puede estar llena de propósitos solemnes y extraordinarios. Cuanto más sencilla y divertida sea más posibilidades tendrá de cumplirse. La declaración de intenciones de Lucía empieza y termina en este renglón: mi mayor intención es no tener intenciones.

                                                                     ¡Ya basta de pensar¡ Es hora de empezar a vivir…