Archivos Mensuales: noviembre 2006

Lo que trajo la lluvia

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“Esta noche te espero mirando al sol. Venga valiente ¡Salta por la ventana¡” Aquella noche había dormido con esa frase dando vueltas en mi cabeza. El insomnio tomó mi madrugada, por sorpresa, después de muchos meses sin aparecer. Me levanté. Teniendo en cuenta que eran casi las seis de la mañana, quien quiera que hubiera escrito aquella nota, ya se habría cansado de esperar y dormiría placidamente. Ni siquiera sabía si iba dirigida a mí. ¿Acaso eso interesaba? Cuando se tiene delante una historia tan increíble no importa tanto ser la protagonista como el personaje secundario. El destino me había hecho formar parte de ella y eso, para mí, bastaba. Volví a mirar la nota y repasé cada rincón, buscando alguna pista que me sacara de mi incertidumbre. Entonces lo vi. En la parte posterior de la nota, en la esquina inferior, difuminado a causa de la lluvia, podía leerse en letras muy pequeñas: “Para Lucía”. Mis labios dibujaron una sonrisa. Aquel no era mi nombre pero sí el de la protagonista de todos mis escritos, intentos frustrados de ser una escritora de éxito ( o simplemente una escritora). Historias, aspirantes a emblemáticos concursos literarios, que siempre se quedaban en el cajón. Siempre me había atraído aquel nombre: Lucía… sonaba a luz. Esa luz que había inspirado “la más bella historia de amor” de Serrat o aquella obra maestra en imágenes creada por Julio Medem, “Lucía y el sexo”. Ahora, ella, volvía a mi vida impulsándome a hacer algo. Fue en ese momento cuando lo decidí: yo también sería Lucía. Mientras estuviera en mi habitación azul, mirando por la ventana, sería ella. Sería como un juego que me permitiría seguir formando parte de aquella “historia de otoño”. Encendí el ordenador cuando ya amanecía. No había parado de llover en toda la noche y la vista desde allí era impresionante. En letras grandes y azules escribí:

Me llamo Lucía. Tengo la edad perfecta para saltar por mi ventana una noche de estas e ir en busca de mis sueños. Soy joven pero no tonta. También sé tener los píes en el suelo pero la vida se ve mejor si, de cuando en cuando, me permito el lujo de levantarlos unos metros y volar. No tengo unos ojos perfectos pero me encanta el brillo que desprenden cuando, muy de vez cuando, encuentran una mirada cómplice y sincera que los mira de frente, transparente. Mis labios no son tan sensuales como los que salen en los spots publicitarios, pero resultan perfectos después de ser sorprendidos con un beso inesperado. Mi nariz no es tan fina como quisiera pero recibe sucesivas alegrías cuando aspira el maravilloso olor a tierra mojada cada vez que llueve. Mi cuerpo no es el de una modelo o una actriz de Hollywood pero se ve tan acogedor cuando es dulcemente abrazado por alguien especial. Me llamo Lucía y soy la luz de esta habitación, tan azul y relajante, como mi nueva forma de mirar hacía fuera. Me llamo Lucía y, en este momento, el mundo es perfecto.

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El arte es azul

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Un día me tope, de repente, con una frase sencilla pero llena de misterio, pronunciada por el mismísimo Victor Hugo, el maestro mundial del movimiento romántico: “L’Art c’est l’azur” ( El arte es azul). Entonces tuve una premonición y sentí que debía hacer algo con aquellas cuatro palabras que rondaban por mi cabeza gritándole a mi genio creativo: ¡Despierta¡. Ese día decidí pintar de azul las paredes de mi habitación, compré un sencillo marco de madera (que, por supuesto, pinté de azul) y coloqué en él la foto del niño con los ojos azules más hermoso que había visto. Supe que algo definitivo estaba apunto de suceder cuando me dirigí a la librería del centro y encontré en el escaparate la obra “Azul” de Rubén Darío, casi con vida propia, suplicándome que la comprará. El príncipe de los poetas me había dado la señal definitiva. Volví corriendo a casa.Cuando entré en mi habitación me percaté de que había olvidado cerrar la ventana y el suelo estaba lleno de hojas y papeles. Uno de ellos me llamo especialmente la atentación. Era azul y en él podía leerse una inscripción: “Esta noche te espero mirando al sol. Venga valiente ¡Salta por la ventana¡”

El resto de la historia está por escribir. Aún no he reunido el valor para saltar por la ventana. En vez de ello decidí encender mi ordenador y abrirla de par en par para todos vosotros. Es mi forma de comunicar al mundo esas historias increíbles pero sencillas que todos podemos vivir a diario. Poco a poco podréis ir visitando cada rincón de la habitación azul e incluso asomaros por esta misma ventana que inspirará mis historias de cada día. Aquí comenzamos…