Vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir.

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desayuno

Durante unos años esta habitación fue el refugio donde pude ir descubriéndome a mi misma, el lugar donde recibí a mis huéspedes más especiales, donde compartí buena literatura y aporte al mundo mi pequeña estrofa. Siempre tendré buenas palabras para este lugar y aquí siempre quedará un trocito de mi misma pero, el ciclo natural de las cosas es el cambio y, ahora, mi lugar está en la habitación vecina.

Me he mudado. Cambie´ este cuarto abuhardillado por todo un universo. Te espero en mi nuevo hogar para aprender a vivir más despacio.

Allí nos vemos.

Lucía.

¡Vive!

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Yo siempre me siento feliz… ¿sabes por qué? Porque no espero nada de nadie.

Esperar siempre duele; la vida es corta, por eso ama la vida.

Se feliz y sonríe siempre. Vive sobretodo para ti y recuerda:

Antes de Hablar, Escucha.

Antes de Escribir, Piensa.

Antes de Herir, Siente.

Antes de Odiar,Ama.

Antes de Rendirte, Intenta.

Antes de Morir, VIVE…

William Shakespeare 

Septiembre & Miss Caffeina

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“Pero es el día de la revolución,

he mandado flores para todos,

hoy vamos a hacer el amor!”

Lluvia en los cristales, olor a tierra mojada y ¡vacaciones! Y por si fuera poco un descubrimiento inesperado, algo que suena aún mejor que Zahara: Zahara y Miss Caffeina. Ritmos para dejarse llevar y empezar a disfrutar, por fin, de algo de tiempo libre. Lo siento por los que vuelven de las vacaciones. ¡Es mi turno!

Las ventajas de volar

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La habitación azul fue, durante años, ese rincón virtual en el que jugaba a imaginar en que consistiría ser yo misma. Los zapatos de Amelie eran sólo una excusa para ensayar ese salto por la ventana: un salto perfecto y certero hacia una vida vivida intensamente, sin miedos o como una de mis canciones más escuchadas: con la cara hacia el viento. Yo creía que mis escritos estaban en consonancia con mi vida pero… era pura teoría.

Fue duro recorrer esa distancia que me condujo a ser consecuente con todo lo que escribía aquí. (de ahí esas largas ausencias en el blog). Hubo cosas que cambiar y no sabía muy bien si debía saltar del suelo al cielo o del cielo al suelo. Tuve que encontrar el equilibrio perfecto entre ser idealista y soñadora y vivir con los pies en la tierra exprimiendo cada instante. Sólo cuando aprendí lo delicioso que es ser seres imperfectos y rodearse de gente común comprendí que justo ahí residía la magia. Porque la gente común logra cosas extraordinarias.

Si has sido huésped de la habitación azul todos estos años te invito a conocer a la nueva Lucía que ha cambiado en muchas cosas aunque conserva su esencia. Si acabas de descubrirlo puedes conocer mis impresiones pasadas en el archivo o acompañarme en mi nuevo mundo que sigue reinventándose cada amanecer.

Puede que tú estés aún en el borde de la ventana, mirando las estrellas y pensando si das el salto hacia otra manera de estar en el mundo o si te quedas confortable y cómodamente tras el cristal sin que la lluvia te moje o sin que el viento te roce. Puede que pienses que eso es vivir pero inevitablemente, tarde o temprano, vas a darte cuenta que no es así y quizás para entonces la ventana esté atascada o Otto el Piloto, este a cientos de kilómetros retando a otras Anas, más decididas y arriesgadas, a dar el salto.

Seas quien seas quien estoy segura de que estas palabras van a hacerte reflexionar. No somos tan diferentes. Todos perseguimos algo esencial: librarnos de los miedos. Todos somos un poco torpes en ese oficio hasta que comenzamos a intentarlo de verdad y nos damos cuenta que realmente se puede ser diferente.

Ojala compartir conmigo este espacio nos ayude a ambos a enriquecernos mutuamente, crecer por dentro y mejorar en el gran reto de atrevernos a ser nosotros mismos.

LAS VENTAJAS DE VOLAR CON NUESTRAS PROPIAS ALAS SON EXTRAORDINARIAS

Bienvenido y ¡Feliz Nuevo tu!

Lucía. “Miss Red”.

Nosotras… y todo lo que espero para ti

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Tomo aire, me acomodo y me topo unos segundos con mi reflejo en la pantalla del ordenador que me devuelve  la sonrisa. Pulso el botón de encendido pero, en realidad, estoy tomando las llaves de mi habitación azul. ¡Aquí están! Hoy me espera una invitada muy especial. Cierro los ojos y sin darme cuenta…  otro salto por la ventana ¡ya estoy aquí! ¡

Estás dormida, o eso es lo que crees pero yo, nocturna, tengo a estas horas la suficiente energía como para situarte en un momento en muchos escenarios a la vez.  Te veo en tu casa. Al entrar se respira ese aire de las casas de pueblo acogedoras con esas grandes mesas de camilla y ese olor a comida de abuela.Una se siente bien al entrar allí. Te encuentro por primera vez, acompañada  por el tercer cafetero de ruta y tras un intento fallido de convertirte en la “gran vecina” nos vamos.

Umm¡ ¡Qué bien huele! Nada mejor que unos churros con chocolate para vencer al frío. Esta noche vienen los Magos de Oriente y entre prisas intercambiamos algunas palabras apresuradas debajo de los arcos antes de marchar a recibir regalos.

Entre estas dos escenas y sus casi diez años de por medio puedo situarte en tantísimos sitios que ya he perdido la cuenta. Lo más importante de todo es que he tenido la oportunidad de conocerte y de ser mucho más que tu amiga: tu alma gemela (como sueles llamarme). Me siento afortunada de poder contar contigo en las horas bajas y después, cuando subo, tener la certeza de que celebras cada uno de mis triunfos con una inmensa alegría.

 

Hemos crecido juntas, por dentro y por fuera  y hemos compartido la locura de la adolescencia y la no menos locura de hacernos mayores (que no viejas :p) y casi casi rozar la treintena. Hemos llorado y reído juntas. Hemos compartido confidencias (y secretos) en mil situaciones distintas. Nos hemos dicho tantas cosas y de una manera tan sincera y transparente que ya perdí la cuenta de cuantas veces te he hablado a ti misma tal y como me hablo a mi (directamente del corazón a los labios, sin procesar siquiera la información).  Y eso no pasa con la mayoría de la gente.


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